¿Habéis oído hablar de las Bibliotecas Humanas? Se trata de sustituir los libros tradicionales por personas contadoras de historias; una iniciativa de diálogo y aprendizaje donde se comparten historias de vida con las personas “lectoras” pretendiendo desafiar prejuicios, combatir la discriminación y fomentar la empatía y la cohesión social.
Eso es precisamente lo que ha ocurrido en las sesiones de “Biblioteca Humana: diversidad en la Cultura Alimentaria”, una propuesta educativa del proyecto Agroecología Escolar y Alimentación Sostenible que transformó al CEIP Ágora (Palomares del Río), el CEIP Cruz Blanca (Aznalcóllar), el CEIP Maestro Arturo Giner (Camas) y el CEIP Gloria Fuertes (Castilleja de la Cuesta) en espacios de encuentro transoceánico e intercultural.
A través de las voces de Zoueba, Alejandra y Sophie, mujeres procedentes de Togo, Honduras y Senegal, el alumnado se acercó a la existencia de muchas formas de comer, cocinar y relacionarse con la alimentación alrededor del mundo, todas ellas valiosas e interesantes.
La Biblioteca Humana supone una conversación cercana donde las preguntas, la curiosidad y el intercambio de experiencias son las verdaderas protagonistas: se descubren ingredientes, olores, recuerdos y tradiciones que forman parte de la identidad de millones de personas. ¡Y también se prueban recetas nuevas que las niñas y niños disfrutan mucho!
No obstante, esta propuesta va más allá de conocer comidas diferentes: es una oportunidad para reflexionar sobre nuestros propios hábitos y desmontar ideas preconcebidas sobre otras culturas. Porque cuando hablamos de diversidad de culturas alimentarias, hablamos de riqueza del intercambio, de la fusión de culturas, de compartir y de respetar lo diferente.

Además, permite abordar cuestiones fundamentales como el papel de las mujeres en los cuidados y en la transmisión de los saberes alimentarios. A través de sus relatos, se pone en valor un conocimiento que, generación tras generación, de una esquina a otra del planeta, sostiene la alimentación de familias y comunidades enteras.
Asimismo, se indaga en la idea de que aquello que entendemos como “lo que se come aquí” no es algo único ni fijo. Nuestra alimentación está formada por una infinidad de productos, recetas y tradiciones que vienen de muchos lugares y que han ido transformándose a lo largo del tiempo gracias a las historias de vida de las personas y los movimientos culturales por todo el mundo.

La actividad se desarrolla desde una mirada ecofeminista y decolonial, dando voz a mujeres que habitualmente no ocupan el centro de los relatos y reconociendo sus conocimientos como una fuente de aprendizaje imprescindible.
Un ejercicio de aprendizaje de ida y vuelta: las mujeres comparten sus historias y el alumnado aporta sus propias experiencias, costumbres y preguntas, generando un diálogo enriquecedor entre generaciones y culturas.
“Felicidad”, “sabrosa”, “diversidad” o “sabiduría” son algunas de las palabras con las que la infancia define la experiencia.
Porque alimentarnos también es convivir, aprender de otras culturas y reconocer que la diversidad forma parte de lo que somos como sociedad.
Seguimos apostando por una escuela que escucha, pregunta y celebra la diversidad; una escuela donde cada plato cuenta una historia y donde la diferencia se convierte en una oportunidad para aprender.
Por un mundo de sabores en la escuela, donde la diversidad sea siempre una riqueza que nos une, nos alimenta y nos enseña.

Actividad desarrollada por El Enjambre Sin Reina con la colaboración de MAD África como parte del proyecto Agroecología Escolar y Alimentación Sostenible con el apoyo de la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional al Desarrollo.